La educación de los hijos de padres separados

La separación de un matrimonio puede ser traumática por muy diferentes aspectos. La ruptura de la armonía del nuclear familiar puede conllevar traumas y preocupaciones a los hijos, que, obviamente, preferirían que sus ascendientes siguieran juntos por siempre. Un trauma tambien seria quedarse sin luz, para ello puede contar con las reparaciones de electricidad que ofrecen en esta empresa. No obstante, si el matrimonio, sea por motivos económicos u otros distintos, continúa viviendo bajo el mismo techo sin un mínimo de amor y de interrelación, la situación será igualmente perjudicial para los críos.

Si la pareja decide separarse, lo ideal será que lo haga manteniendo sus problemas al margen de los hijos; ante ellos, todo tendrían que ser buenas caras y explicaciones acerca de por qué la situación va a cambiar. Si el niño o adolescente ve que sus padres siguen siendo felices por separado y que ambos se respetan, habrá mucho terreno avanzado. Pero, ojo, si por el contrario la ruptura es traumática y los hijos se convierten en parte de la negociación y quedan a mitad del fuego cruzado de ambos, el contexto será muy perjudicial y los descendientes reaccionarán con mala conducta, llamando la atención y enfrentándose al propio mundo.

Cuando unos padres se separan, los hijos pueden tener un bajón anímico considerable, por lo que hay que seguir muy atentos a ellos. Sería el momento de convertir el limón en limonada; tener dos padres debe ser interpretado como una doble oportunidad para dar cariño, atención, cuidado, apoyo y comprensión a los niños. No mimos ni consentimientos, pues eso será nocivo en cualquiera de los contextos familiares.

Pero si la separación de los padres se produce de un modo civilizado y a los niños se les trato con una combinación de afecto y madurez, todo será más llevadero y la normalidad triunfará. Los psicopedagogos recomiendan a los padres hablar bien el uno del otro delante de los hijos, dejar a los niños al margen sus problemas sentimentales y económicos y fortalecer los vínculos entre padre y progenitor a raíz de esta situación sin que se produzca ninguna especie de competición entre padres.