Keating y el club de los poetas muertos

Trabajar con firmeza, cariño y seriedad en el campo de la formación social y la psicopedagogía dará el día de mañana los frutos de una sociedad mejor que todos disfrutaremos. Es sin duda un reto que cada país debe saber afrontar con la máxima responsabilidad.

Un buen ejemplo del amor a la educación y a la formación social, que seguro que tenemos en nuestro imaginario cultural, es el de John Keating, el profesor de ‘El club de los poetas muertos’. En la estricta y oscura vida del centro educativo Welton, en el que los jóvenes desarrollan su día a día, se cuela la luz de un nuevo educador que trae unos mecanismos y métodos totalmente distintos.

trabajo socialY es que educar y llevar a cabo la formación social también es lo que hace el personaje al que da vida Robbie Williams, quien abre nuevas perspectivas existenciales en sus alumnos, quien insta a sus pupilos a pensar y a orear la mente.

La vida en Welton, hasta la llegada de Keating, se sostenía en cuatro premisas: excelencia, honor, disciplina y tradición. Pero el nuevo profesor ejerce de formador social y va más allá de las reglas y del simple guión del temario que a priori debería seguir. Además de impartir conocimientos, también enseña una especie de manual de vida.

Keating logra que los jóvenes se redescubran a sí mismos. Haciéndoles ver que la muerte es una realidad, los está obligando a tener que vivir. El profesor ejerce de psicopedagogo y guía a sus discípulos por un nuevo sendero, el del carpe diem, el de ser conscientes de que sólo se vive una vez y hay que paladear los placeres de la vida y apreciar con espíritu noble y sensible terrenos tan hermosos como la poesía. La ruptura de los cánones tradicionales y el sello del formador social quedan evidenciados en la escena en la que los alumnos se suben en sus pupitres para contemplar la vida desde otra altura, desde otra perspectiva.