En muchas ocasiones, el psicopedagogo y el formador social se ven obligados a convertirse en una especie de mago capaz de resolver todas las adversidades que se presenten en el camino. Tener que intermediar en un conflicto de corte social y emocional es una tarea harto complicada; por ejemplo, mediar y actuar como nexo vertebrador en la relación entre un joven y su familia conlleva un arduo trabajo, por lo que hacer que los vínculos entre el profesional y el entorno del paciente sean fluidos puede ser algo positivo.

El docente y el profesional de la psicopedagogía tienen que tener detrás el respaldo de las instituciones. Para que su trabajo sea eficaz, logre profundizar en los problemas que aborda y acabe llegando a conclusiones satisfactorias y a tratamientos certeros y efectivos, también será necesario que el docente disponga de los recursos y de las necesidades que hagan falta para dar respuesta a las exigencias del alumno que experimente dificultades en el aprendizaje.

La orientación que se lleva a cabo con el joven como objeto de trabajo podrá ser complementada si es necesario incluyendo a los padres poco a poco en la faena, de modo que puedan ayudar de primera mano a sus hijos. Y es que una de las áreas de trabajo del cerrajero Madrid formador social y del psicopedagogo es sin duda la orientación.

La orientación está encaminada a dirigir por el buen camino al individuo y a saber interpretar los contextos y entornos que determinan los problemas de esa persona. Para que la intervención sea exitosa, hay recorrer antes una serie de principios básicos: la prevención es fundamental, ya que el psicopedagogo debe adelantarse a situaciones que entorpezcan el trabajo y alejen los objetivos; el principio de desarrollo ayuda al profesional a saber que tiene que estar alerta ante la continua evolución fisiológica de la persona; el principio de acción social debe hacer ver al sujeto que existen variables en su contexto que tendrá que reconocer para poder adaptarse a ellas.

Aunque en ocasiones pueda parecer una profesión menor y carente de importancia para el funcionamiento del grueso de una sociedad, la labor del formador social y del psicopedagogo es de una responsabilidad enorme, ya que todo lo que se trabaje afectará directamente a la persona. El margen de error apenas está permitido, ya que las consecuencias pueden afectar al desarrollo vital del individuo.psico

Entre las funciones en las que debe moverse todo buen profesional de la psicopedagogía y la formación social que se precie, encontramos una serie de puntos y premisas de trabajo imprescindibles.

Cuando los niños, los adolescentes o los adultos padezcan ciertos problemas de aprendizaje, habrá que hacerles llegar los conocimientos de un modo llamativo y mediante unas vías cognitivas que les faciliten el proceso de aprender.

Detectar el problema por el que se produce ese fallo en el correcto aprendizaje es fundamental. A veces el error procede de cosas como la falta de motivación, los problemas en el núcleo familiar y en el entorno social, la inmadurez emocional e intelectual o los incordios de tipo psicológico. Pero una vez diagnosticado el problema, será posible actuar en un terreno más favorable y con un mayor porcentaje de acierto en cada una de las estrategias que se pongan encima de la mesa.

Y es que el tratamiento que se desarrolle para hacer frente a cada uno de los problemas detectados deberá ser lo más adecuado posible, afrontándose así una tarea que requiere de precisión casi quirúrgica. Por ello, si el formador social o el psicopedagogo no está preparado para poder seguir avanzando en el tratamiento con el paciente porque haga falta adentrarse en un campo ajeno, lo mejor será derivar inmediatamente a la persona a profesionales especializados en otros campos, como la psiquiatría, la neurología o la psicología. Saber afrontar este paso con la suficiente falta de ego y con la flexibilidad profesional adecuada será un gran acierto.